Nosotros y los otros.

En los tiempos difíciles, las cualidades de cada ser humano son puestas a prueba. Desde los más básicos instintos hasta el razonamiento y los mismísimos sentimientos. No son sus semejantes los llamados a juzgarle. Quienes creemos en Dios, sabemos que en eso el tiene la última palabra; unos creen que con ese juicio determina lo que sigue en esta vida, otros creen que el juicio dura una vida y que la decisión final se toma en la muerte, determinando que le corresponde "más allá". Pero no comprendemos eso plenamente y no nos corresponde cambiar ese proceso.

No obstante, Dios no es el único con derecho a juzgar a una persona. El individuo mismo está en condiciones de ver sus propios actos, y es una responsabilidad que puede asumir o dejar pasar en cualquier momento de su vida. No sirve de nada vernos a nosotros mismos con autocompasión o delirios de grandeza. Eso vale para lo mismo que juzgar a otros: nada en absoluto. Podemos ver con claridad porque hicimos lo que hicimos, entender hasta que punto traicionamos o fuimos fieles a nuestros principios. Podemos evaluar nuestros principios, madurar con el entorno en lugar de permitir que este nos destruya.

NO EXISTEN EXCUSAS. Nuestros actos provienen de nuestra naturaleza más que de nuestro entorno. Cuando el horror o la belleza predominan a nuestro alrededor, nuestras reacciones no pueden ser las mismas, pero si estarán basadas en los mismos principios. Y la comprensión de nuestros actos no debe ser para hincharnos con el ego como un globo que al final explota, ni para causarnos ningún tipo de daño. Se trata de perfeccionarnos. De darle valor a lo bueno, y sustituir lo malo. Convertirnos en una alegría para nosotros mismos, y - ¿quien sabe? - tal vez para otros.

¿Han tenido esa sensación de no necesitar nada? Ni la computadora con que navegan, ni postres deliciosos ni ropa de moda, ni clases en el extranjero, o lo que sea que les parece "agradable"... Ya saben, esa sensación de valer por usteder mismos sin necesitar tener nada en absoluto, y saber que aman a las personas, en lugar de necesitarlas. ... Yo tampoco. Pero es un gran objetivo.

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