En mi escritorio.


Estás en mi escritorio porque no quiero dejar de pensarte. Estás en mi escritorio porque te quiero, aunque no seas ni el más querido ni el primero que quise... aunque no seas de ninguna forma mi último amor.

Estás en el escritorio porque confío en tu brevedad, y porque cuando te vi la primera vez, supe tanto de tí al mismo tiempo, que creí que merecías la prioridad. Verás, así es como funciona: me encariño contigo y te dejo en mi escritorio, para verte, y pensarte y amarte. Y se supone que cada vez que piense en tí, te querré más y te conoceré más. Tienes muy pocos días antes de que otro trocito de sueño se cruce por mi mente, y entonces, seguirás en mi escritorio hasta que me de cuenta de que el nuevo es más amado que tú, o te daré todo lo posible en poco tiempo para poder guardarte en el archivo sin el más mínimo remordimiento.

Sólo que no siempre es así. A veces, hay líneas faltantes que lamentar. A veces encuentro esta lectura fascinante y eres olvidado antes de tiempo. A veces, te vuelves invisible sobre mi escritorio. Pero eso todavía no te ocurre, y quiza mañana te escriba un poco más, quizá escriba tús últimos detalles, antes de guardarte en la carpeta de las historias pendientes.

Buena suerte, relato en curso, y no olvides que aunque otro llegará y aunque nunca serás tan amado como mi actual relato favorito, yo te quiero, y eso importa, y mira, incluso ya un capítulo tuyo fue leído, ¿no es grandioso?

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1 comentarios:

Ayumi

jaja qué bonito! al principio pensé que hablabas de un libro. Qué tierno ha sido y que cierto es.

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