Más vale tarde


Taller de escritura "Móntame una escena"
Escena #3: 30 años tarde
La escena ha de girar en torno a una carta que llega 30 años tarde. No tiene por qué ser una carta de amor ni haber sido escrita durante la guerra, como en la noticia. Puede ser una carta enviada en cualquier época y por cualquier persona.

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Más vale tarde


—¡Mami! —gritó Rosario, mientras corría hacia la pequeña biblioteca.

—¿Sí, Rosi?

—Hay una señora en la puerta. Se parece al cartero de los cuentos.

Todavía existía una oficina postal. Los "convencionales" todavía utilizaban ese medio de comunicación. Pero en esta zona no vivía ninguno de esos individuos adinerados apegados a las tradiciones. Aquí no venían los carteros, porque la gente no tenía dinero para enviar cartas.

Pero ahí estaba, con una misiva para Susana Girón.

—Está... bastante atrasada —rió la mensajera—, pero igualmente debemos entregarla.

—Ella no está —explicó Fernanda—. Pero yo puedo entregarla si gusta. 

—Por favor. Y firme aquí... 

Susana era su suegra. La mujer que había sacrificado su carrera y su vida social para cuidar de un hijo muy enfermo, incapaz de valerse por si mismo o comunicarse debido a una enfermedad que casi había acabado con la raza humana. Durante unos veinte años, después de que se identificara apropiadamente y antes de que se encontrara su cura, muchas madres decidieron "interrumpir el embarazo" tan pronto como el laboratorio les indicaba que su bebé tendría la enfermedad. La tasa de natalidad se redujo de manera alarmante. 

Para las nuevas generaciones, era un tema para la clase de historia; pero la vida de Susana había sido marcada por dieciseis años de cuidar a un niño-vegetal. Alguna vez había deseado que él niño no existiera, por el bien de los dos. Pero ese tiempo había pasado. Su hijo la amaba a pesar de que sabía que ella había pedido los análisis para ver si valía la pena traerlo al mundo, porque lo importante era que había renunciado a todo para dedicarle tiempo a él. 

A él, que no tenía nada para ella.

Ahora, años después de que se desarrollara una cura, sí que lo tenía. No sólo el fruto de su trabajo, si no una familia que idolatraba a aquella mujer.

Una familia que sentía curiosidad ahora que ella recibía una carta de una empresa llamada CIOR. No sabían lo que hacía esa compañía. Tan pronto como volvió, le preguntaron. 

—¿CIOR? —se sorprendió la señora— Que yo sepa eso cerró hace años —revisó el sobre y finalmente lo abrió para ver que contenía—. ¡Ah, hija, si esto es viejísimo!

—¿Qué era abuelita? —preguntó la niña.

La señora rió con gusto.

—La peor noticia que una mujer podía recibir en mis tiempos. Aquí dice que el bebé que tuve hace casi treinta años, iba a estar enfermo.

—¿Mi papi? ¿Era sobre su enfermedad?

La niña conocía bien la historia, pero no comprendió como Fernanda y Gael. Ese retraso inverosímil había cambiado dos vidas, y había hecho posibles otras dos.

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