Mi proveedora ha muerto



Taller de escritura "Móntame una escena"
Escena #2: Misterioso asesinato en la montaña
Nos encontramos en un bonito y pequeño pueblo de montaña al final del verano. La temporada turística está a punto de terminar y, como cada año en esta época, los vecinos se preparan para sumirse en la tranquilidad del invierno. Pero la paz del lugar se ve enturbiada cuando una mujer aparece asesinada en un paraje cercano.La fallecida se trata, al parecer, de una famosa escritora japonesa de 50 años que estaba pasando sus vacaciones en la zona. Como era de esperar, se monta un gran revuelo. Los vecinos están desconcertados, hay rumores de todo tipo, se barajan diversos sospechosos y el pueblo está invadido de periodistas, admiradores y curiosos, además de numerosos policías que acuden como refuerzo para investigar el caso.
El personaje principal de vuestra historia puede ser cualquiera excepto el asesino o la fallecida.Reto opcional: En algún momento de vuestra historia, probad a incluir la frase “Le devolvió el libro“.




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Mi proveedora ha muerto


Todos seguían hablando de eso: en el colegio, en la televisión, en la calle...

Por lo general, cuando la gente empieza a contarme como se veía el cadáver y que la policía hizo esto o aquello, me desconecto de la conversación. 

Verán, desde que empecé a leer esos libros, no me interesa nada más. Pero es porque son específicos en lo que realmente me interesa: el motivo. ¿Qué me importa a mí que un desconocido esté muerto en alguna parte si no sé por qué murió? Eso es morbo inútil e insensible.

Aunque me interesaba el homicidio reciente, no me parecían muy importantes los detalles de la escena del crimen. Después de todo mi interés no se debía a que hubiera ocurrido todo tan cerca de mi casa, si no a la víctima: mi autora favorita.

Escuché tantos detalles al respecto cuando fui al colegio, que ya me parecía haber estado ahí cuando la encontraron el día anterior. 

Me demoré de regreso a casa, porque a cada rato me detenía uno de esos fanáticos enfermos que buscaban el parque donde había terminado una vida de maravillosas historias. 
Aunque me parecía un fastidio que periodistas y seguidores hicieran una fiesta de la muerte de la mujer que yo más admiraba, me sentí un poco identificada con los que vinieron hasta acá porque nunca habían cumplido su sueño de conocerla y, sobre todo, me reconocí en los que lloraban en silencio.

Quizá, de haber sido en otro sitio, yo habría ido. 

No, no es cierto. 

A dónde quería ir, era al sitio donde ella había escrito su primer libro. Es que yo también había dejado para "la próxima firma de libros" esa situación -ahora imposible- de conocerla. 

Según el noticiero, la policía seguía sin tener pistas legitimas. Lo que sí tenia, era un montón de teorías falsas, muchas de ellas ridículas y otras elaboradas y tan ficticias como esos libros que habían llenado mi vida por dos años y medio. 

Aún no leía su obra maestra, porque según mi padre era "aún más inapropiada que los demás libros de esa mujer". Mi tía incluso me había enviado una copia sabiendo que a mi me obsesionaba la autora, pero mi padre le devolvió el libro mucho antes de que yo pudiera verlo siquiera. Eso desencadenó una pelea horrible, pero él se salió con la suya y yo decidí que algún día me saldré con la mía.

Ahora es oficial que la pobre no escribirá un libro mejor que ese. 

Lo bueno de tanta alaraca de la gente, es que había especiales sobre ella en todos los canales culturales y de historia.

Estaba viendo uno de esos especiales mientras estudiaba. Nuevamente, yo buscaba un concenso entre mi vicio y las exigencias de mi padre. 

Intenté no imaginar demasiadas teorías sobre el asesinato de una autora relativamente polémica, pero aún así fui la primera (y espero que la última) en enterarme de quien la mató. 

Lo supe por algo que dijo mi padre cuando llegó a casa y se enteró de lo que yo había dejado en televisión: 

―¡La mujer está muerta y tú sigues obsesionada con ella! ¿Qué voy a hacer contigo?

¿Se dan cuenta del motivo? Si yo fuera madre de una "adicta", también habría matado a su proveedor. No es lo más correcto, pero tampoco iré a la policía a acusar a mi padre por intentar protegerme de lo que no comprende. 

No es que alguien fuera a creerme. No tengo evidencia ni un razonamiento lógico y claro. 

Pero SÉ.

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