Reconstrucción


Taller de escritura "Móntame una escena"

Escena #5: Entre bastidores


Indicaciones:
La acción del relato tiene que ocurrir en un teatro. No hay restricciones ni de personajes ni de tema. El único requisito es que uno de los personajes ha de guardar un secreto.
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El Authentikós tenía cierto encanto al estar casi vacío. Para Indira se trataba de la sonoridad, pero lo que embelesaba a Cornelio era algo que él mismo no sabía explicar.

Él había reconstruido el edificio, pero su amor por el mismo le venía de antes: de sus días de actor. En ese entonces tenía un propietario distinto que lo mantenía en el abandono a pesar de ser un monumento histórico, y fue ahí donde el primer rechazo frustró al joven prodigio de la actuación.Ella lo veía con ojos más prácticos: el edificio era perfecto para sus grandes producciones.

En todo caso, este día no giraba alrededor de la carrera de ninguno de ellos. Celebraban cinco años de feliz matrimonio, y casi ocho de prodigarse un amor sin reglas, límites o promesas.
Al parecer era su destino estar juntos, y ellos estaban conformes con ese designio en particular.
Alguna vez ella había temido que un romance tan intenso como el que soñaba arruinaría su carrera. Era joven, ambiciosa y apasionada; era la pupila del mejor director de la ciudad, su asistente y protegida.
Así fue como sus caminos se cruzaron la primera vez, cuando él se presentó a las audiciones de un nuevo proyecto.

También Cornelio era joven, ambicioso y apasionado. Como Indira, pero en otro campo, era talentoso: el hombre perfecto para el papel. Pero el director no pareció pensar eso.

Desolado, dejó el teatro y volvió a la universidad.

Durante siete años no supo nada sobre la muchacha que lo había visto con deseo en los ojos; esa que había descubierto que, si las cosas se daban, perdería la cabeza por él.

Se reencontraron porque ella se había convertido en propietaria del teatro y pretendía remodelarlo para cumplir una promesa hecha a su maestro ya fallecido.

En siete años, los dos habían cambiado de muchas maneras distintas. Pero la madurez no les quitó ni lo ambiciosos ni lo apasionados; tampoco había cambiado lo que sentían el uno por el otro.

Al presentarse el reencuentro, Cornelio sabía que no tenía ninguna razón para perder aquella oportunidad y ella se había arrepentido bastante por haber convencido a su maestro y amigo de que no contratara al muchacho, dando motivos que parecían válidos pero que sólo ocultaban su miedo.

Había sido un error que no cometería de nuevo; un error que su amado debía desconocer para siempre.

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