Proyecto Adictos a la escritura: El tic navideño.


Este mes el ejercicio es festivo: una historia basada en un personaje que tenga un hábito especial en Navidad. 

Esto fue lo que me surgió a mí. No es un hábito nuevo, al contrario, es uno que yo solía creer que todo el mundo tenía. Casualmente coincidió con la pieza más difícil de un desafío literario en el que estado tratando de mantenerme al día todo el mes.

Bueno, se los dejo:

El sencillo relato de un viajero y la historia que no supo

La noticia corrió como la pólvora por todo el pueblo, no se hablaba de otra cosa ni en la cantina que cerraría temprano porque para nochebuena había ley seca, ni en el mercado que había abierto temprano porque todo mundo estaba haciendo las compras de última hora, ni en la plaza donde los viejos se reunían a jugar a las cartas y ver a las muchachas que se arreglaban para los muchachos, no para ellos.

Juan Inocencio Hipólito Campos era el único que no se había enterado. No podía darse cuenta de nada de lo que ocurría en el pueblo que había dejado a sus espaldas el día anterior, cuando inició su viaje al sitio al que debía llamar hogar este año. En estos días el hombre se daba cuenta de las tarifas de autobuses, los asaltos de la carretera, las costumbres de algunos pueblos por lo que antes no había tenido ni el gusto ni el disgusto de pasar; conocía extranjeros como lo hacían sus vecinos en el pueblo, pero los conocía en el camino que recorrían juntos porque no había más remedio, o en los hoteles de paso llenos de cucarachas, y en los parques y comedores. En muchos casos ellos estaban en casa y el extranjero era él, y se notaba en las maletas y en la forma de saludar quienes eran locales y quienes iban de paso porque querían o porque tenían que hacerlo.

Los que vivían en los sitios que él iba dejando atrás como había dejado al pueblo que lo vio nacer una vez y lo vio alejarse mil veces para luego verlo regresar con las maletas igualitas que como se las había llevado, eran gentes con caras alargadas por el aburrimiento y sentían curiosidad por el y por su viaje. Como le preguntaban mucho a donde iba, había empezado a resumir la historia: voy a mi casa para pasar navidad en el hogar, decía. La gente se confundía o creía que él estaba mintiendo cuando se daban cuenta, por otras pláticas, que Hipólito Campos venía de su casa, donde tenía trabajo y amigos, el pueblo en que había nacido y en el que lo iban a enterrar aún si le ocurría la desgracia de morirse en otro lado.

Los viajeros lo entendían a la primera, y no tenían que preguntar nada ni quedarse con dudas, porque los que viajan saben que el hogar a veces no es un lugar, y que a veces tienes que dejar tu casa para visitar tu hogar. También comprendían que era normal que un hombre viajara por medio país para ver a la familia que lo había dejado atrás, y estar con ellos en nochebuena aunque no disfrutara la cena y tuviera que perderse el primer evento notable que había ocurrido en su pueblo en los últimos diez años.

Este es el microrelato #21 del desafío de Diciembre.

¡Compártelo!

3 comentarios:

Dora Ku

Creo entender que hablas de un viajero eterno , de esos que no pueden permanecer en un solo lugar y que terminan por no ser de ningún lado.
Pues sí, es un relato sencillo,pero tiene su moraleja.
Felices fiestas: Doña Ku

Tania Yesivell

Gracias por pasar, por los buenos deseos y... felices fiestas también. :)

Un señor pensativo

Excelente micro relato!

Publicar un comentario

Buscar

 

Seguidores

Diario Poético Copyright © 2011 | Tema diseñado por: compartidisimo | Con la tecnología de: Blogger