"Reseña" atrasada: Latencia, de J. M. Moskera

Estaba a punto de comentar una lectura de hace tiempo, cuya reseña no había escrito, cuando me di cuenta: ¿será que no he comentado nada sobre mi experiencia leyendo Latencia?  ¡Eso es terrible!
Dejé pasar demasiado tiempo después de la lectura... así que, a ver qué recuerdo.

La versión corta es que me encantó. Más aún: me hizo pasar malos ratos sin dejar de encantarme. ¿No odian cuando leen algo realmente terrible en la historia y quisieran gritarle al escritor y al mismo tiempo están maravillados por lo bien que suena eso al leerlo en voz alta? Quizá soy sólo yo. Quizá es por los libros que leo últimamente.

No sabría explicarles cómo se debe el asunto sobre el que trata Latencia. Ocurre todo en una especie de distopía, hogar del joven  protagonista (no, no, hablo en serio, ¡es demasiado joven para ese trabajo!) y de los amigos y enemigos que hará en el camino. En teoría, lo que se sigue es la aventura de este chico, que tiene horrores, lecciones y diversiones a partes iguales. Claro que su aventura es... ser reclutado por una organización secreta que le ayudará a dominar su recién descubierta habilidad, pero también demanda sus servicios; esta temible organización está a punto de verse envuelta en una... ¿será que si sigo ya estoy contando de más?
Por si acaso, no sigo.

Esta novela cumple con lo mínimo que se espera del autor: personajes creíbles pero no calcados del mundo real, definidos por sus naturalezas tanto como por el caos al que son expuestos; un argumento capaz de sorprendernos, que nos hace reír, llorar y horrorizarnos, a veces con una sola frase; un entorno con reglas claras que no necesariamente podemos entender desde el comienzo.

Me muero por empezar a hablar de cada evento en que me disgusté por la forma injusta en que se trató a mi personaje favorito, o por las decisiones del protagonista. Más aún me encantaría que supieran de las causas por las cuales me lamenté o me reí en voz alta, pero ustedes saben tan bien como yo que es imposible. Si empiezo a hablar, acabaré arruinándoles la historia. Así que no hay otro remedio: simplemente vayan por ella y lean hasta donde se atrevan.

En fin, diviértanse. Yo lo hice.

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