Experimentos de una aprendiz de escritora - Semana 3

Reescribe el comienzo de una historia
Ejercicio # 3 de la Guía para la aprendiz de escritora, por Grisel R. Núñez.

Escribir el primer párrafo de una historia, y luego trabajar en cinco versiones más del mismo.
Bien, aquí está la primera versión:
Uno de los elementos más difíciles de obtener sería el de la realeza. Las palabras que servían para controlar ejércitos, organizar líderes y conformar a las masas, no podían ser arrebatadas a sus dueños tan fácilmente. Pero Eustakio de Gradez tenía un plan que le daría, no solo esas palabras sino también una posición en que pudiera comprobar que era posible gobernar sin ellas.


Y ahora, las otras opciones:

Quizá las páginas más difíciles de obtener serían las de la reina Delia. Las palabras que servían para dar ordenes a guerreros, sabios o artesanos, no podían ser robadas fácilmente. Por fortuna para Eustakio, coleccionista renombrado y sabio promedio, tenía un plan que no involucraba enfrentar a la persona más poderosa del país más pequeño de su mundo.

Alguna vez las palabras mágicas de Eserde formaron parte de un único libro. Eustakio quería que volviera a serlo. Lo había tenido fácil recolectando las palabras comunes, heredadas entre artistas y científicos a lo largo y ancho de los dominios de la reina Delia. Pero ahora tenía que dar con palabras extraviadas, y las inalcanzables voces de los científicos principales, los guerreros y la propia reina. Para esa última tarea, quizá la más difícil de la lista, ya tenía un plan brillante.

Alguna vez las palabras mágicas de Eserde fueron un sólo libro. Eustakio quería que volvieran a serlo y había dedicado media vida a recopilarlas. Quince años le había tomado llegar a obtener las palabras accesibles, y ahora faltaban unas pocas más difíciles de encontrar. Parte de la tradición parecía haberse perdido, y otros conocimientos se mantenían ocultos. El mayor desafío, quiza sería tomar las palabras que poseía la reina Delia, porque las palabras capaces de comandar guerreros, guiar científicos e inspirar artistas, no se arrebatan facilmente a su digno propietario. Pero este renombrado artista, aspirante a científico y guerrero sin honor tenía un plan.

Alguna vez las palabras mágicas de Eserde fueron un sólo libro. Eustakio quería que volvieran a serlo y había dedicado media vida a recopilarlas, ya fuera aprendiendo, comprando o robando. Pero los fragmentos restantes estaban perdidos o muy bien ocultos. El mayor desafío, quiza, sería tomar aquellos que estaban en manos de la reina Delia, porque su poder solo era transferido a su heredero y no es sencillo robar a quien cuenta con las palabras para comandar guerreros, iluminar científicos e inspirar artistas. Pero este renombrado artista, aspirante a científico y guerrero sin honor tenía un plan.

Eustakio tenía un propósito. Quizá no fuera el más noble o el más sensato, pero era suyo. Quería sostener el libro de los magos, con todo el poder que éste poseería si volvía a estar completo alguna vez. Había dedicado la mitad de su vida a aprender, comprar y robar las palabras que alguna vez lo habian formado y ya veía cerca el éxito, pero algunas palabras se habían perdido y otras parecían completamente inaccesibles. Debía, entre otras cosas, robar a la mismísima reina Delia, poseedora de palabras capaces de comandar guerreros, iluminar científicos e inspirar artistas.

Se suponía que iba a hacer cada uno mejor que el anterior... pero ahora los miro todos y no sé cual me gusta. Tal vez el último, si empiezo el segundo párrafo de la historia con la frase en que dice que el  “renombrado artista, aspirante a científico y guerrero sin honor tenía un plan”. Aunque para fantasía creo que es más común usar el inicio de “alguna vez”.

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