Experimentos de una aprendiz de escritora - Semana 6

La historia sacada de una cita
Ejercicio # 6 de la Guía para la aprendiz de escritora, por Grisel R. Núñez.

El uso que se le da a la cita en este ejercicio, no es para nada el que yo acostumbro. Por lo general, yo ni siquiera incluyo la cita dentro del texto en sí. También es la primera vez que siquiera leo esta frase (que yo recuerde):
Cita de Maxine Kumin: «Cuando la Bella Durmiente se despierta, tiene casi cincuenta años».
Ahora, ¿que rayos es esto que acabé escribiendo?

Se hace justicia


Cuando la bella durmiente se despierta, tiene casi cincuenta años... ¿o eran ciento dieciséis...? Lo cierto es que en cada historia se asume que eran muchos, muchos años. Su piel, cabello y entusiasmo, son los de una jovencita. Así son los cuentos de hadas, ¿no es verdad? Sea por polvo de hadas, la magia del cine, o un largo sueño reparador, ella conserva su belleza y su espíritu.

Bien, eso ya no esta de moda. Hoy en día, los escritores y cuentacuentos de todo el mundo, nos detestan. No pueden terminar una historia sin arrancarnos una mano, marcarnos el rostro, o aplastar nuestro corazón con el peso de la muerte de cuanta figura paterna nos encontramos en el camino.

Dicen que es por nuestro bien, que crecemos a lo largo de la historia y estamos listos para ganar la última batalla contra nuestro némesis, aquel a quien debemos nuestras cicatrices.

Lectores de todo género, a lo largo y ancho del mundo, creen que ese es el villano de la historia. Pero nosotros lo entendemos mejor.
Hay quienes simplemente cuentan historias, y nada pueden hacer ni para lastimarnos ni para rescatarnos; aún cuando lo intentan. Otros, no hacen más que poner un puñado de personajes en un mundo compartido y dejar que se traten como quieran y puedan (estas historias se reconocen facilmente por que parecen no ir a ningún sitio).
Pero la mayoría inventan historias: cada grito, cada herida, cada sonrisa y cada uno de nosotros, somos sólo fragmentos de mentes retorcidas. Una oda a la esquizofrenia. Y en ese caso, todo el daño que sufrimos es culpa de ellos y sólo de ellos... Digamos que también un poco de sus vecinos y de los noticieros, por darles más ideas sobre como hacernos miserables.

Todos hemos oído sobre personajes que van a la raíz del problema, como esas gemelas que arruinaron el gran día de su escritor, una reina prestada y los demás infractores de la cuarta pared.

Los demás, seguimos luchando. Nos arrastramos hasta esa batalla final y le damos gusto a los lectores. Pero no significa que nos engañemos, o que aceptemos la forma en que la literatura nos trata en estos tiempos. Simplemente sabemos que en esa última pelea correrá sangre y llanto; nuestros y del villano en turno. Siendo fragmentos de nuestros escritores déspotas, no importa si ganan ellos o nosotros; lo que importa es que al llegar a la última línea el escritor se habrá autoflagelado un poco más y otra pieza valiosa de sí mismo desaparecerá. Esa es nuestra venganza: ya sea que nos toque morir o asesinar, ha de ser en perjuicio del enemigo de todos los personajes de una historia. 

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2 comentarios:

Sameq

Qué terrible punto de vista, pero supongo que tiene mucha razón. Después de todo uno los crea y luego los hace sufrir por una u otra causa, jeje.

Tania Yesivell

Supongo que este escrito salió directamente de mi remordimiento de conciencia, jajaja.

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