Décimo primer mala historia: Nostalgia



Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

-Ray Bradbury

Décimo primera de las 52 malas historias que surgen de los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea

Refrán: Si el río suena, piedras trae.

Nostalgia

El mundo cambia a diario. Las tecnologías complican una actividad para simplificar otra; los gobiernos caen y las sociedades evolucionan.
Pero,  al pie de la montaña Flaviado y en lo lindes del río Escarpado, existe una pequeña villa que no había cambiado desde el día en que sus veintiséis fundadores hicieron las primeras casitas que aún hoy se alzan sobre sus columnas parcialmente sumergidas. 
En aquel entonces,  las columnas permanecían secas en verano y prácticamente desaparecían cuando crecía el rio. Pero en aquel entonces el Escarpado tenía otro nombre y era más caprichoso. 
Fue el cambio del rio lo que cambió las actividades de la aldea.
Después de lo que parecía una eternidad de pescar para subsistir, ahora todos se dedican a vender piedra y cosechar arroz. Solo el anciano aquel, con su atarraya, sigue intentando sacar peces del muerto caudal del que fuera el rio Maxo. 
 A pesar de los cambios en sus tareas, y de que tuvieron que hacer nuevas herramientas y desarrollar nuevas destrezas, estas personas siguen teniendo los mismos valores de siempre, y mantienen sus vidas sencillas y sus conversaciones animadas. Sus tradiciones permanecen aunque las comidas y el calendario han cambiado de forma radical.
En cambio, el último pescador nunca volvió a cenar a la mesa con sus hermanos. No participa del festival. No es el que antes era. A pesar de lo mucho que se esfuerza por seguir en aquellos días de antes, cuando volvía a casa muy alegre con Raúl, Miranda y Javier, más temprano que cualquiera del pueblo. Siempre fueron los primeros en levantarse para ir de pesca. 
Hoy, es sólo él, haciendo lo imposible por seguir en donde siempre estuvo y ser quien siempre fue. Una vez cambio sus hábitos. Una sola vez se fue con los vecinos en lugar de acompañar a sus hermanos. 
Se despertó, igual que todos, demasiado temprano. Por un segundo no supo que era lo que pasaba. Todavía estaba oscuro. Pero había un sonido muy extraño retumbando por el valle. Sintió curiosidad, como muchos otros. Pero sabía que debía levantarse muy pronto, así que se reacomodó en su cama y volvió a dormir, solo para despertar después, cuando el estruendo se volvió más fuerte. 
Decidieron levantarse de una vez, si de todas formas no podrían descansar.  
El estruendo venía del río, pero sólo uno de los cuatro hermanos decidió que era mejor ir rio arriba, investigar un poco, a pesar de que los peces desbordaban las redes. 
Él se fue, se reunió con otros curiosos, se dejó arrastrar por ellos cuando llegó el momento de correr o morir.
Sus hermanos fueron sepultados por la corriente de roca. 
Su cordura se hundió en la culpa y la nostalgia.
Ahora lanza una atarraya entre las piedras que ocuparon el antiguo cauce del rio, mientras el mundo avanza sin explicaciones hacia su gloria o hacia su destrucción. 
La villa, en cambio, mantiene la paz mental adaptándose a las actividades pero no a los principios de un planeta que gira.

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