Mala historia #16: Del otro lado de la cerca

Siempre es soleado del otro lado de la cerca.
Tibio y lleno de luz.

Ellos salen cada mañana a regar el jardín o tomar el sol. Llevan ropa muy fresca pero siempre parecen estar acalorados.

Juegan fuera y terminan jadeando. Algunos se sacan sus camisetas empapadas en sudor a la mitad de un encuentro deportivo o mientras asan carne al aire libre. Tienen una piscina y muchos visitantes.

Sus nubes son algodón disperso en un cielo brillante y la noche cae relativamente tarde, para dar lugar a las fiestas y los fuegos artificiales.

A veces me entretengo observando sus actividades de exterior. Incluso he descubierto que algunas podrían divertirme. Y nada impide que tome busque ropa de verano en mi armario, que abra la puerta del frente y mi paraguas, y que cruce a saltitos mi jardín y sus charcas, hasta llegar a la calle principal, rodear su cerca y unirme a su mundo soleado.

Lo hice un par de veces, y las disfruté, claro. Pero no me quedé. Siempre vuelvo a mi chubasco sempiterno y dejo que las nubes grises me cobijen. Es que me gusta el sol, pero no tanto como el olor de la tierra mojada, el canto de la lluvia y una tarde muy fresca, aunque sea un poco oscura.




Décimo sexta de las 52 malas historias que surgen de los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea



Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

-Ray Bradbury


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