Última y primera (Mala historia #18)

No hay nada de inocente en el timbrar de un teléfono público.
No cuando él teléfono en cuestión está casi completamente solo; no con todas esas historias de terror.

Pero Helena se acerca de todas formas, porque el sonido no cesa y quizá alguien del otro lado necesita que le expliquen que es el número equivocado o que se fue la persona a la que busca.

Levanta el auricular, abre la boca para explicar, y se queda de piedra cuando una voz esperanzada al otro lado de la linea busca verificar:

—¿Helena Ramos?

—Este es un teléfono público... —Intenta evadir la pregunta, quien sea esa persona ella no lo conoce.

—Lo sé. Pero... ¿Eres Helena, en enero del 2001? O, quizá... ¿Preguntas a la gente? Revisé los cálculos un millón de veces, debe estar ahí ahora...

No supo más. Que la vigilara un extraño daba miedo, y ella no jugaría ese juego, así que colgó y siguió con su camino... directo al cruce donde un camioncito repartidor de golosinas no vio ni la luz roja ni a la mujer que aprovechaba su turno de pasar.

Fue la última llamada para ella.
Era la primera para el operador de Cambiando Pasados S.A., que nunca olvidaría aquel fracaso inicial.




Décimo octava de las 52 malas historias que surgen de los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea



Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

-Ray Bradbury


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