Lenguaje (mala historia Nº24)

De no tener idea, a verme en problemas para elegir el final. Esta historia es de las que escribí mientras la inventaba... ¿o al revés? Ni mapa, ni brújula, ni nada.

Lenguaje

Lo segundo que mis ojos somnolientos consiguen enfocar es una carpa, no muy lejos de el sitio oscuro en que desperté hace un segundo.
Una vez más intento pedir ayuda, pero mi clamor se pierde entre la interminable mezcla de música, voces, risas... ¡Todas esas personas desprevenidas! Incluso traen niños y cometen la imprudencia de soltar sus pequeñas manos y dejarlos correr en este peñligroao sitio.
Creen que el circo es divertido, y sí estas en el sitio correcto, supongo que lo es. Pero no por ello es seguro.
—¡Vete! ¡No estás a salvo! —intento advertirle al niño que se me queda mirando.
Por un segundo, na preocupación en su rostro me dice que lme entiende, que está bien que llore y que llame a su mamá, porque eso significa que se irá antes de que le ocurra algo terrible. Pero no. Lo asustó mi voz, que no puede comprender.
—¡Huyan! —insisto, desesperado—. ¡Antes de que los encierren, loa azoten y les prendan fuego!
Pero no tiene caso. No entienden mi lenguaje.
Un día, cuando haya olvidado lo que fui, tampoco voy a poder entenderlos.



Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

-Ray Bradbury

Vigésimo cuarta de las 52 malas historias que surgen de los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea



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