Aprendices (mala historia Nº 31)

¡Qué cerca está la nochebuena! Todo diciembre ha sido de imprevistos, y muy poco festiva en cierto modo, pero no olvidemos lo que aprendieron los habitantes de cierto copo de nieve.

Aún así, no hay relato navideño para hoy. Sólo un relato. 

Aprendices

Él era mayor de lo que esperaba, pero de cualquier modo tendría que darle clases por dos meses, ya que a nadie se le había ocurrido incluir un límite de edad al publicar las bases del concurso.
No podía ser tan malo, ¿verdad? Enseñarle a dibujar a un hombre que podía ser su abuelo no sería sencillo, pero tampoco se acababa el mundo. En su experiencia, la gente era muy poco receptiva ante la información e ideas que vinieran de cualquier generación posterior a la propia, pero él se había inscrito en el concurso, tal vez sería distinto.
Se obligó a relajarse, a mantener la mente abierta y el entusiasmo despierto. Un ancianito adorable quería aprender lo básico sobre pintura porque había vivido sus primeros setenta años rodeado de números y ahora quería agregarles color.
Sí, eso seria todo: trazos básicos y un poco de color, aún si el aprendiz no era tan adorable.
La puerta se abrió después de unos golpecitos de advertencia, dando paso a su sonriente agente y al ganador de la rifa. Bobby parpadeó tres veces, se quitó los lentes para limpiarlos y cuando se loa puso de nuevo se dio cuenta de que tenía la boca abierta y una especie de "e" en la garganta.
Su amigo no sabía por qué la conmoción, pero reconocía esa cara y llevó las presentaciones con cautela mientras ella se recuperaba. Y Bobby asintió y estrecho la mano de aquel hombre diciendo que "mucho gusto", pero ya sabía quien era y verlo en persona era más que un placer.
Por un minuto, observó al pupilo, esperando algún tipo de iluminación divina que le indicara como dar instrucción al hombre de vestimenta sencilla y mirada profunda que estaba frente a ella. Por una vez, no quería ser la de siempre, quería dar la impresión correcta. Pero querer no bastaba.
—No lo entiendo, señor. ¿Por qué alguien como usted querría lecciones de pintura? En todo caso, sería al revés. ¡Es al revés! Mis maestros, los textos... Usted.... ¡Usted ha inspirado a mi generación!
—Tuve buenos momentos, buenas obras —asintió él, entre conmovido y paternal—. Eso no lo habría conseguido si no hubiera tomado lecciones antes. No nací con los pinceles en mano, aprendí la técnica de entonces, encontré la propia... Y ahora, hay técnicas nuevas. He leído sobre su arte, he llegado a apreciarla; pero siempre se entiende mejor en persona. Por favor, jovencita, explíqueme lo que has descubierto.



Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

-Ray Bradbury

Trigésimo primera de las 52 malas historias que surgen de los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea



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2 comentarios:

Maria O.D.

¡WOW! ¡Que genial, que impresión la de la maestra! Y el señor tan sabio, es verdad que se puede aprender de todos. ¡Saludos y feliz navidad!

Tania Yesivell

¡Felices fiestas!

Gracias por pasar y por ese comentario que me subió el ánimo. Temía que fuera confuso o que no se notara bien la impresión que ella se lleva :)

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