El chico bueno (Mala historia Nº32)

¿Listos para iniciar bien el 2017? ¿O son de los que piensan que el primero de enero es un domíngo como cualquier otro?

Yo... admitiré cualquier excusa para plantearme propósitos, es un buen primer paso para cumplirlos.
Por el momento, sigo con los relatos... que por cierto, no salieron precisamente en sus fechas, ¿eh? Todavía me faltan 20, al parecer.

El chico bueno

—¿Has estado llamando a Cleo desde varios teléfonos? —preguntó su madre.
Eso habría tenido que preocuparlo. Una acusación semejante solo podía venir de dos o tres sitios, y ninguno era bueno. Pero estaba demasiado aliviado porque no estaban preguntado sobre su boleta de calificaciones.
Tenía cuatro en todas las clases que importaban en Eviarts, y aunque nunca había sido un estudiante de excelencia, esto era nuevo.
Había sacado malas notas en el pasado y, en las cinco ocasiones en que había reprobado, sus padres habían considerado transferirlo a una escuela regular. Miles no podía volver ahí. Por eso tenía a seis personas diferentes encubriendo su reciente metedura de pata.
El dúo directivo había aceptado de inmediato cuando les pidió que no hablaran con su familia como establecía el reglamento para ese caso, pues ellos comprendían su difícil situación.
La secretaria de la tarde ya le había dicho a Roberts que los padres del chico habían sido informados, el cartero de su colonia se había desecho de la carta del anciano maestro de Arte para el egoísmo, y Ava se había encargado de los correos electrónicos.
Y, por supuesto, la profesora Carson no sólo había aceptado no llamar a los padres, también le daría la oportunidad de subir su calificación. Ella no creía en las segundas oportunidades, pero sabía por que el «niño bueno» había sido tan amable últimamente, dejando pasar antes al compañero lento, dejando copiar al que tenia mala memoria... ayudando a un extraño.
Miles no era un buen chico, pero vaya que lo parecía. Nunca obtenía mas de siete en la clase de Evasión de responsabilidad y manejo de la culpa. Pero, ¿como ahora? Jamás. En una semana había hecho tanto bien que la directora lo había llamado para exigir explicaciones y, quizá, sugerir su expulsión.
Era el tipo de reuniones que duraban horas y terminaban con la llamada a padres o tutores. Ésta, en cambio, tuvo un desenlace feliz después de ocho minutos que consistieron principalmente en la lista de fallas detectadas y el breve interrogatorio.
—¿Ahora ayudas a tu prójimo, Miles?
Él se encogió de hombros y explicó:
—A la mayoría les estaba comprando silencio... Y con Ava era un intercambio justo... algo nuevo para los dos, por cierto. Y Mati sólo me cae mal.
—Lo dejaste copiar en tu examen porque te cae mal?
—Nos delaté porque me cae mal. Oí que lo expulsarían si volvía a hacer trampa en un examen. Una regla un poco hipócrita, pero me vino bien.
—Hacer trampa no lo es todo, pero si ni siquiera puede hacerlo bien, es sólo una perdida de tiempo —explicó la directora, encantada.
Había salido sin problemas entonces, y cuando el director lo llamó para discutir sus notas bajas. Pero habían sido buenos sustos, y muchas molestias, así que le fastidiaba un poco escuchar la pregunta que había intentado evitar con todos esos intercambios de favores.
Sin embargo, puso su mejor cara de incertidumbre, y respondió sin mentir:
—No tengo varios teléfonos, mamá.
—¿Pero la has llamado?
—Una vez desde éste, y quizá antes de cambiarlo.
También había llamado de los teléfonos de nueve desconocidos, pero no había razón para traer eso a cuento.
—¡No puedes seguir llamándola!
Después de diez minutos de reclamos de ambas partes, el recordatorio sobre la orden del juez y unas cuantas promesas vacías que sonaron sinceras, Miles encontró oportunidad de preguntar qué hacía pensar a su madre que él tenía contacto regular con su ex-novia. Ella respondió a pesar del dictado de su sentido común.
El delator había sido el hermano de ella. Por suerte el «niño bueno» conocía a alguien en el taller donde revisaban el auto del chismoso. Pronto se encargaría de callarlo.
En cuanto a la orden del juez, no era un problema si no lo denunciaban. Cleo no haría eso y nadie mas tenía que enterarse.




Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

-Ray Bradbury

Décimo segunda de las 52 malas historias que surgen de los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea



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2 comentarios:

Maria O.D.

Interesante historia, Miles lo tiene todo planeado, sorprende y da algo de miedo por lo que podría pasar. ¡Genial relato sin duda! ¡Saludos!

Tania Yesivell

Es que le han enseñado bien, va a un colegio de villanos... (sí, tiene que sonar así de absurdo). Y, lamento decir que en este caso en particular parece que Miles se saldrá con la suya...

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