Yo quise ser el centro de atención (microrelato)


Ser un jarrón vacío es complicado para un antiguo centro de mesa como yo.

Es muy extraño. La gente que me ve en el escaparate habla de mi color y mis tallados. Los que me consideran atractivo, me sostienen para medir el peso y deslizan sus manos por mis bordes. Murmuran entre ellos sobre mi belleza, pero se quejan mucho sobre las astillas faltantes cada vez que ven acercarse al vendedor. Quieren una rebaja y jamás les parece suficiente; así que vuelvo a mi sitio, donde todos me ven y el polvo se acumula entre los relieves que me adornan.

Siempre creí que era terrible que no me viera nadie, siempre diciendo que las rosas eran bellas o intentando establecer si los cartuchos eran reales o de plástico. Pensaba que estaría mejor sólo. Pero en aquel entonces nadie miraba las heridas de los bordes, porque las flores estaban sobre ellos. Manos insensibles pero eficientes me mantenían brillante.

Quizá...  quizá era mejor ser parte de algo apreciado que estar vacío y solo en el centro del escaparate de una tienda de artículos usados.



Inspirado por una frase que en realidad no tiene nada que ver con la historia... y que ahora mismo no consigo recordar.

No se imaginan cuantos días me tomó escribir esto a "cinco minutos diarios". ¿Qué les parece, por cierto?

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