(Relato de práctica) Al menos se ven felices.

La visita al museo fue un fracaso.
La idea era que los niños se acercaran un poco a la historia, que recordaran como es que hemos llegado a este punto. El estudio de la historia no es para maravillarse o para llorar sobre la leche derramada. Es respecto al futuro.
Pero ellos eran muy jóvenes, demasiado inquietos.
No podían dejar de pelear, jugar, correr... La pequeña Lía estuvo a punto de romper una computadora del siglo XX, y en su defensa únicamente dijo que quería saber qué tenía adentro. Mientras yo perdía el tiempo con ella, Derek desapareció.
“No estaba perdido”, diría, después de que yo enloqueciera buscándolo por todas partes; según él, sólo estaba conversando con los niños de otra escuela. Al menos no se había peleado con nadie, como Nora y Nadine.
Al menos dos de los niños estaban prestando atención al recorrido. Por desgracia, eso tampoco resultó en aprendizaje. Vincent estaba encantado por ver los vestigios en persona, pero ya conocía la historia porque su comprensión lectora era notable desde... el primer año. Al parecer sus padres habían estado adelantando un poco de trabajo. Él quería verlo todo, en cambio la niña... Elisse sólo quería ver las pinturas.
No serán una representación tan precisa como las fotografías panorámicas, pero es lo mejor que podía hacerse en sus respectivas épocas. En algún punto durante las guerras, alguien los resguardó, seguramente para preservar la historia, y ahora han encontrado hogar en diversos museos. Por algún motivo, a la pequeña le gustan. Ella se maravilla, pero no aprende nada.
Es un día perdido. Hubiéramos logrado mucho más en el salón de clases. Pero ellos parecen felices, habrá que conformarse con eso por ahora.

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