Comentario de lectura: Por trece Razones (Jay Asher)

Estoy leyendo “Por trece razones” (lo hacía, en los días en que estaba escribiendo esto, ahora que lo lees, hace mucho acabé, más rápido de lo planeado). Ni siquiera sabía que existía este libro... oí de él pero no sabía nada relevante. Sólo que algo o alguien que ahora se me olvida, me hizo averiguar. El tema me llamó la atención porque, había un enorme misterio implícito. ¿Por qué grabó esas cintas?
Sí, estoy diciendo que -entre todo lo que había en la sinopsis- esa era la parte que me parecía extraña y digna de investigar. Pudo dejar una nota. Pudo gritar al mundo los nombres de los culpables. En lugar de eso, ella quiere esta especie de conversación privada con la gente que la empujó al precipicio, y yo quiero saber por qué.
Así que leo. Y por supuesto que una historia con este título va sobre justificarse. Explicar por qué lo hizo, explicar por qué señala a quien señala y no a otros. Incluso intenta explicar la conducta que mostraron los demás. Pero a medida que voy leyendo, me doy cuenta de que no va a decir por qué quiere tener esta conversación con ellos. No dice qué espera de ellos, o qué espera que les pase.
Lo extraño es que no creo que sea un error. No lo encuentro decepcionante. ¿Qué tal? Ella no parece interesada en ese punto. Y si se justifica, no lo hace de una forma que me convenza o se quede en mi memoria. Lo que se va quedando en mi atestada habitación de los recuerdos imaginarios, es un muchacho pausando la grabadora y su madre haciendo como que cree en la excusa más vieja del mundo y dejando que se vaya, como seguramente cientos de personas dejaron que se fuera Hanna, porque jamás se preguntaron si iba a regresar (¿por qué no lo haría?).
Algo debió hacer bien el escritor, porque puedo ver a Clay intercambiando una mirada -o imaginando que lo hace- con ese otro muchacho; y recorrer la ciudad con una walkman “prestada”, en medio de una noche demasiado tranquila, demasiado fría, para realizar una visita guiada. Puedo sentir la pena de que su guía esté sin estar, y llega un punto en que estoy más enojada con ella que con cualquiera en la historia. Siempre acabó enojándome con los protagonistas de las historias, pero está vez creo que eso es bueno: el autor hizo que esto se sienta personal, a pesar de que no hay una sola razón por la cual pueda identificarme con los personajes (a ver, déjenme pensar, nope, no me identifico con nadie, al menos no por el momento). Por supuesto, cuanto te pones en los zapatos de alguien más, no te calzan como a él (ni siquiera cuando ese alguien es un personaje ficticio con privilegios de narrador), así que no comparto las emociones del... Ouch. He estado a punto de decir algo que sin duda es spoiler.
Lo que digo es que puedo visualizar todo el recorrido de Clay, y oír las grabaciones (con el ruido de fondo y, ¿recuerdan el sonido que suelen tener las caseteras viejas? Sí: lo escucho en mi imaginación... aún antes de ir a youtube y oír una versión resumida de algunas de las cintas :P). Esta historia, como la hoja más importante del mundo, es triste por lo que no fue más que por lo que fue. Al menos, para mí. Y sí, hay una advertencia en el libro, pero no siento que el autor pretenda regañar o adoctrinar; los personajes hablan, cada quien desde su propia perspectiva, de modo que no se siente como si nos empujara a sacar cierta conclusión. Excepto, claro, hay algo. Algo que me molesta por que se siente como un eco... ¿o quizá esto vaya a alguna parte?
Alerta de spoilers si puedes ver el “eco”: sí, había un propósito al incluirlo.
Terminé de leer el libro antes de terminar con esta entrada. Y parece ser que me gustó.
Me parece que la traducción les dio trabajo. ¿Recuerdan ese dicho sobre el ballet, que dice que la audiencia no debería ver el esfuerzo? Bien, eso también debe ser cierto con los libros, porque más de una vez me entretuve preguntándome “¿Y en realidad que era lo que debía decir aquí?”, pero tal vez estoy pensando demasiado sin motivo.
No me gusta que las historias me hagan sentir triste hasta el final, y eso esperaba de esta. En parte, me parecía mala idea leerla. Pero me alegro de haberlo hecho. Es una historia terrible contada de tal modo que pude... disfrutar la lectura a pesar de pensar sobre ella.
No quería soltarlo y, cuando me senté a escribir “algún relato para el blog”, el tema se hizo escribir. No el tema del libro, sino... razones y espacios vacíos. Si, eso es una emoción persistente inspirándome un poco.

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