El final

Se lleva un trozo de pan a la boca mientras yo vierto leche en una fuente.

El desconocido en la caja tonta dice que el final está ocurriendo en la ciudad de al lado, y repetimos con voz temblorosa las quejas y las plegarias de ayer y del día anterior a ese.

No nos atrevemos a decir que nos morimos de miedo porque el final llamará a nuestra puerta derruida más tarde o más temprano.

No nos acabamos de dar cuenta de que mientras nos espantamos ante la mención de ese final de película de miedo, no hacemos más que aferramos al exterminio que, por ser tan familiar, pasa desapercibido.

Una cuchara limpia tintinea contra mi fuente. Unas migas de pan caen al suelo. 

No tenemos forma de saber que, del otro lado de nuestra puerta quejumbrosa, una persona siente hambre por última vez.

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