Como un disco rayado (Relato derivado)

 El relato de hoy, completo e independiente, tiene como protagonista a un personaje secundario de otra historia. Es el primero de nueve relatos que salieron de un desafío literario en el que estuve participando durante los meses anteriores. El grupo es angloparlante, y por eso los relatos originales están escritos en inglés, pero todavía no me hallo en valor de compartirlos así (quien sabe cuantas cosas raras escribí por error jajajaja). Mejor les dejo una versión en español. 

Todavía no decido si compartiré todos. Algunos no me gustan mucho y otros delatan detalles de la historia principal (o la necesitan para ser comprensibles). 

Por diversión, cada relato menciona una historia escrita o leída por la protagonista, y es a esa historia a la que corresponde cada título, no al relato en sí. Por eso los pongo entre comillas.


“Como un disco rayado”

El joyero estaba en el escritorio. Inocente y temible.

“Mira lo que encontré la semana pasada”, había dicho su madre. “¡Cómo te gustaba esta cosa!”

Cómo en realidad no lo recordaba, Ana decidió vender el joyero. Pero antes tenía que revisarlo. Pesaba demasiado para estar vacío. Quizá contenía algo que acabaría en la repisa de la nostalgia, pero era más probable que también lo vendiera. Lo sabría al verlo. 

¿Por qué no lo había hecho todavía?

Alan no estaba por ahí para advertirle que esa pregunta podía ser importante, así que ella no se preocupó demasiado por responderla.

Sostuvo la caja con ese aire exploratorio que solía usar con los lápices antes de cambiar los  cuadernos por una portátil. Así fue como descubrió la pequeña manija. Ese descubrimiento le trajo una sensación familiar y estaba dándole cuerda a la cajita antes de darse cuenta.

Ese traqueteo era, sin duda, la parte más agradable de las cajas de música. Era una oda al ingenio, la canción del ser humano dando vida a un objeto (de una forma perfectamente racional, obviamente).

El sonido la transportaba a esa ocasión en que, con siete años de edad, se había escondido en una pequeña bodega en casa de sus abuelos. Esperaba que sus padres  no se dieran cuenta de su ausencia y volvieran a su hogar sin ella. Su papá la encontró jugando con una caja de música.

Al escuchar sus explicaciones, su abuelo había estado conmovido,  pero su abuela no había dudado en darle un buen regaño por asustarlos así. Era un recuerdo divertido, la verdad. ¡Y ella había estado tan feliz, cuando la abuela le regaló este joyero en su octavo cumpleaños!

—“Es la misma canción de tu caja de música” —murmuró Ana, mientras abría el joyero. Al recibirla, tanto tiempo atrás, esas palabras habían sido un grito de sorpresa y alegría. 

Pero, por algún motivo, ahora estaba a punto de llorar.

El joyero sólo pesaba tanto porque era una caja de música. Lo único que había dentro era una hoja de papel,  doblada descuidadamente. Cuando la sacó para revisarla, Ana tuvo esa extraña sensación de haber hecho esto antes.

“Pues claro que lo he hecho antes”, se dijo, irritada. En su adolescencia (cuando escribía novelas de dos hojas en lugar de relatos de cinco mil palabras) siempre tenía hojas sueltas por todas partes. ¿Por qué ésta se sentía especial?

Tal como había supuesto, era su propia letra descuidada, en deslucido lápiz grafito. Algunas manchas con forma de gota hacían más difícil la lectura de algunas palabras.

—Pues, hola, relato sin firmar —murmuró. Sin duda era una historia, con el título garabateado en el margen: “Como un disco rayado”—. No te recuerdo.

La historia comenzaba con una adolescente escuchando la radio. la misma canción sonaba una y otra vez. Aunque no recordaba ese tema, Ana sabía que  no era un invento suyo. ¿Su abuela lo había mencionado? 

Sí. Había sido hacía años.  Estaban haciendo un postre para la celebración de nochebuena y Ana estaba tan concentrada que apenas si había notado la primera vez que su abuela dijo “¡Yo podía pasar todo el día oyendo ‘Oh Carol’!”. Simplemente disfrutaba de la actividad y de la rasposa voz de su abuela, que buceaba en la reminiscencia. Casi la escuchaba sonreír mientras decía que “En aquellos tiempos la música era puro amor y diversión. ¡Yo podía pasar todo el día oyendo ‘Oh Carol’!”

No pareció importante en el momento. Su madre y su abuela ni siquiera notaron la repetición, pero Ana se vio atrapada por la idea de que estaba viviendo el mismo instante por segunda vez. No había podido explicarlo bien, pero su mamá captó la idea al final, y le dio una palabra para esa sensación: “Déjà vu”. Quizá era la novedad, o la palabra era lo suficientemente rara. Por lo que fuera, la pequeña Ana se obsesionó con la idea a tal punto que inspiró su primera historia de ciencia ficción. Terrible, irrescatable. Pero ahí era dónde su destino se había decidido. Y quizá también el de su abuela.  

Una lágrima cayó justo al lado de una de las antiguas manchas que delataban el llanto de la última vez que Ana había leído esta historia.

La escritora compadeció a su yo de trece años, llorando a solas y tentada a destruir aquel ridículo papel y la historia que contenía. No había podido hacerlo, porque la abuela había estado orgullosa cuando se lo leyó. El relato tenia que durar para siempre, junto con los recuerdos que tenía grabados. Pero la abuela ya los había perdido, ¿cierto? ¡No podía recordarla ni siquiera a ella!

—¡Qué dramática era entonces! —Ana intentó reírse, pero recordaba demasiado bien como se había sentido entonces, cuando su abuela le había gritado por primera vez, llamándola extraña, intrusa.

Todos eran extraños esa semana. Pero los demás sabían lo que estaba pasando. Ella estaba en un punto de su vida en que no se enteraba de nadie más que de sí misma, y nadie le había explicado a tiempo. Luego del incidente, todos habían intentado hacerlo, asegurando que la abuelita volvería a la normalidad muy pronto. Ella no había sido incapaz de creerles.

Había sido la verdad, pero también mentira. Aquella pérdida de memoria era temporal. Pero volvió, cada vez con más frecuencia. Todo empeoró, poco a poco, justo ante los ojos de la adolescente, que creció temiendo el día en que la normalidad fuera eso. 

Por años, Ana y su familia habían luchado contra el olvido justo como los aldeanos de su primera novela habían enfrentado a la Mariposa Monarca: a ciegas, sin coordinación, sin esperanza, y con absoluta determinación. Tal como los aldeanos, habían perdido una y otra vez a lo largo de los años. Y seguirían haciéndolo.

No había lugar para las lágrimas. Los recuerdos felices de la abuela aún tenían valor, y lo seguirían teniendo aún cuando ella olvidara. Porque ellos seguirían siendo sus seres queridos, más allá del tiempo y la memoria.

Ana respiró profundo.

Guardó la página en el joyero, justo como antes. Justo como antes, cerró la caja mientras pensaba una plegaria por su abuela, por su salud y su felicidad. Y, en secreto, la súplica egoísta de ser recordada.


Más apuntes del proceso de corrección

Por fin estoy en la etapa de reescritura de |Equilibrio|. Otra vez. Quizá sea la última.

Mi lista de tareas sufrió cambios drásticos en el camino hasta aquí. Por ejemplo, había olvidado que hay una lectura extra después de reescribir.  La lectura para eliminar esos errorcitos que aparecen al corregir, como cuando agregas la palabra correcta y olvidas borrar la equivocada (¡no me digan que sólo me pasa a mí!).

Después de tratar de conseguir el ánimo para hacer descripciones detalladas de personajes y lugares, lo único que conseguí fue una serie de resúmenes de cuatro renglones y la certeza de qué es mejor tener fichas de  personajes y escenarios cuando escribes, y anotar los cambios al hacer la lectura superficial antes de corregir. No es una novedad, pero ahora sí puedo dar por confirmado que  no me funciona escribir esas descripciones a estas alturas.

Aproveché la primera oportunidad que tuve para organizar por capítulos las notas que tomé durante la lectura inicial, dejando una listita aparte con las que afectan a toda la historia. Creo que es más fácil hacer esta división desde el inicio.

Perdí varios días, pero en lugar de cambiar las fechas, eliminé la revisión de la estructura del argumento, porque mientras leía me sentí conforme con eso y porque, la verdad, he llegado a un punto en que eso es algo que no quería cambiar. Esto no es precisamente una primera revisión, después de todo.

Así que, si estas anotaciones no se pierden, la próxima vez intentaré seguir este proceso:

  1. Encontrar los apuntes de cuando estaba organizando la historia
  2. Leerlo como suelo leer los libros que me gustan (rápido y tomando notas cuando me nace), pero con un espacio para tomar "notas generales" aparte de las que corresponden a capítulos específicos
  3. Tema(s) y Resumen. En una hoja decorada y organizadita, si es posible
  4. Actualizar los datos
    • personajes
    • entorno.
    • estructura
    • narrador y punto de vista
    • etc...
  5. Identificar el conflicto y propósito de cada capítulo
  6. Corregir/re-escribir
  7. Repasar por si acaso.
Nada del otro mundo, pero tener una lista de pasos me ayuda mucho.

Eso es todo por ahora. ¡Felices lecturas!

Susurros

Dí algo amable
(si puedes)
para esas personas que no saben de versos felices.

Personas
(como tú)
que cuentan finales sencillos y poéticos.

Finales
(imposibles)
que sólo dan su merecido a los villanos de la  historia.

Villanos
(convincentes)
que no se molestaban en inventar excusas para su destrucción.

Excusas
(distintas de las tuyas)
que aún siendo la verdad no justificarían sus acciones.

Dí la verdad
(sí, puedes)
sin esa nota cruel que sólo hará que todos decidan ignorarla.


En mi defensa sólo diré que sufrí más al escribir eso que ustedes (si es que existen ustedes) al leerlo.

Presagios omitidos (microrelato)

El microrelato de la semana fue inspirado por un disparador creativo en un Virtual Write-In de NaNoWriMo. Por eso, la versión inicial está escrita en un idioma que intenta ser inglés.

There is someting glittering at the end of the hallway, some purple light that comes from nowhere, just like that swish behind me. Those are the omens they mentioned: the other kids, who vanished. But I'm not afraid, because I'm blind an deaf.

Les diría que igno
ren los horrores ortográficos, pero no, tienen derecho a divertirse.


Ahora la segunda versión, en español, menos dramática y misteriosa pero más... lógica: 

Presagios omitidos

Algo brilla al final del pasillo, una especie de luz morada que viene de todas partes y de ningún lugar, igual que esa respiración sibilante que me ha estado siguiendo. Justo como decian esos niños antes de que sus llamadas se interrumpieran.

Jamás los encontraron.

Pero yo estaré bien. A mi favor tengo mis malos hábitos: traigo mi música a todo volumen y estoy viendo la práctica a través de las ventanas en lugar de mirar por dónde voy.


Sí, puedo ver las inconsistencias en el punto de vista, y en ese optimismo sordo y ciego, pero eso es parte del encanto del relato.

Restaurando historias antiguas: |Equilibrio|

Saludos futura yo, viejos amigos, y lectores que llegaron aquí por error. 

Es el 5 de enero de 2021, todavía tengo que detenerme a pensar antes de escribir el año y estoy más consciente que nunca de que  eso no cambia las cosas en realidad. Pero no hablaré de eso en este blog. Este diario poético no es tan personal.

Estoy escribiendo poco (sobre el universo de Nuc, una microcomunidad de escritura que organizamos unos cuantos dentro del foro de Fantasitura), y corrigiendo por enésima vez una historia de hace como una década. Quién diría que seguiría dándole vueltas a ese asunto en vez de trabajar en las ideas recientes que tienen más esperanzas de funcionar.

Now What  workbook

¿Y por qué saco el tema? 

Porque esta es una especie de bitácora que revisaré más tarde, para decidir si este método me funciona o no. Estoy en esto desde finales de Diciembre, pero apenas hace un par de días hice un plan como se debe.

Estoy usando como base una guía de NaNoWriMo, con los ajustes que se me ocurren en el camino. Tengo una app para escritura que quiero probar, y voy a hacerlo ahora, anotando ahí una considerable parte de la información sobre personajes, lugares y argumento; así como mis planes e ideas.

Se supone que sea un trabajo profundo que podría extenderse hasta el 10 de febrero. A ratos lo pienso y me preocupa aburrirme a medio camino.

Después de tomar lo posible de la guía, tomar las decisiones recomendadas, y dejando de lado algunas cosas que no aplican a esta corrección, sin entrar en detalles, tengo esta sencilla lista de tareas:

  • Verlo con lentes de lectora.
  • Resumen
  • Definir personajes principales
  • Identificar el conflicto de cada capítulo
  • Estructurar argumento (no usaré sticky notes porque eso lo hice al organizarlo antes de escribir. ¡Ah, que tiempos aquellos!)
  • Definir escenarios muy importantes (esto va a ser una pesadilla... o son sólo una sala de espera y una cocina)
  • Identificar tema o temas... (uno ya está en el título, y los demás son polizones)
  • Tono de los personajes (que es otra forma de decir: un plan para corregir diálogos)
  • Corregir/re-escribir TODO.  

Ayer acabé la primera etapa, la más sencilla... aunque no tiene nada de sencillo pasar sobre los errores sin poderlos corregir. Según la guía, se toman notas generales sólo al final de cada sesión de lectura, pero así no es como yo leo, así que tomé notas a cada rato. Futura yo: sé que no te caigo bien, pero piensa que ¡podría ser como la versión antigua que escribió esa historia! Destrocé una buena idea. A ver si logro arreglarla.

No será hoy. Para hoy toca la aburridísima tarea de hacer un resumen de una historia que he descrito, contado y leído mil veces.

Me voy a eso.

 

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