Antagonista (Adictos a la escritura: El Invierno)

Es enero de 2017 y hay un nuevo proyecto de Adictos a la escritura.
El tema es El Invierno, y la longitud está entre las 2 y 4 páginas en Times New Roman 12.
No sabía bien que escribir y quería salirme un poco de la nevada común, así que el relato es sobre una evaluación importante en el Instituto Eviarts.

Antagonista

La nieve dejó de caer a eso de las cinco de la tarde. Los rayos de sol apenas tuvieron tiempo de subir un poco la temperatura antes de que la noche cayera sobre la ciudad. Muchos viajeros estuvieron cerca de tener que buscar un hospedaje o regresar por donde habían venido, pero al final el paso no fue obstruido por la nieve. Los indigentes, que eran cada vez más en esta época difícil, pasarían una noche fría pero no morirían congelados.
Había sido un día incómodo, pero no representaba una calamidad. Esas fueron las palabras con que lo describió el profesor Guillén, antes de estampar el sello de MEDIOCRE sobre la hoja de reporte de Miles Carson.
Más incómodo que una nevada intensa, era seguir calificando los patéticos intentos de proyecto de fin de curso que llevaban a cabo los estudiantes de segundo año. Habia sido un mes tan terrible. El joven propietario del genio Nafar había obtenido un Notable, que era la calificación más alta habitual, desactivando cada sistema de seguridad en la ciudad para robar un banco. La gran mayoría había reprobado como se esperaba, y eso estaba bien, pero ahora sus mejores alumnos estaban obteniendo calificaciones entre Mediocre y Correcto. Eso no había ocurrido con cursos anteriores.
No había nada que hacer al respecto, aunque hubiera estado bien que alguien evitara que Niño Bueno pusiera en marcha un plan de venganza contra cualquier posible causante del fallo en su máquina. Pero, ¿por qué lo harían? La venganza era una conducta más que bienvenida en el instituto.
En todo caso, la mayor parte de los maestros creían que él de hecho era bueno. Eso era tan errado como la teoría qué el tenía sobre Cleo.
―¡QUETEVAYAS!
―Pero... amorcito...
―¿¡Amorcito!? No me llamabas amorcito cuando me dabas un suero experimental.
―Oye, sólo queria saber...
―¡Pudrete, Miles! Pudiste robar un suero de la verdad que no me dejara calva. Además, te recuerdo que el mentiroso aquí eres tú. ¡Lárgate! ¡Si vuelvo a ver tu cara voy a llamar a la policía! Si mi mamá me obliga a estudiar en casa es para que no te vea, ¡estúpido!
―Lo siento. No quería herir tus sentimientos....
―Pero lo haces ―de pronto Cleo había tomado su tono cariñoso―. Es lo que haces. Y ambos sabemos que esa basura nos gusta, pero culparme de boicotear tu tarea ya es una ridiculez. Te dejé usar mi adaptador climático con la mejor de las intenciones: realmente esperaba que hubiera mucho sufrimiento y un poco de muerte para que aprobaras con honores. Ahora, vete, antes de que alguien más nos vea juntos y acabes en prisión. Sabes que soy una novia secreta celosa: odio cuando otra gente te hace cosas malas.
-E-está bien.
Cabizbajo, arrastrando los pies, y pensando en quién podría ser entonces el insensible que había estropeado su plan malvado, el muchacho regresó a casa. El problema era que en Eviarts casi todos eran insensibles, y los otros eran todavía más peligrosos. Justo la semana anterior, cuando Cleo le prestó la tecnología para reducir la temperatura bruscamente, la becada había estado a punto de llamar a la policía y denunciarlo por desobedecer su orden de restricción, sólo para divertirse. Cualquiera pudo haber arruinado la máquina para molestarlo, o para evitar que el ganara el premio a la Mejor Ejecución. Al menos seguía en la competencia por Las Peores Intenciones.
El misterio pareció resolverse cuando los gemelos se presentaron con ese mismo plan. La mecánica era completamente distinta pero, al final de su ritual mágico, el efecto fue el mismo que él buscaba. De nuevo se estropearon viajes y festejos, ahora con una nevada que inició a media tarde y duró apenas unas cuantas horas.
El profesor estaba perplejo esta vez. ¡Los gemelos estaban entre sus mejores estudiantes! Quizá no era correcto que presentaran juntos los trabajos individuales, pero sus resultados solían ser impecables y sus intenciones siempre representaban el egoísmo humano. Sin embargo, aquí estaba: imprimiendo un MEDIOCRE sobre el reporte, mientras el gemelo fuerte descubría que había perdido las llaves de su habitación.
Fue una noche fría, aunque no tanto como solían serlo en el invierno. Nuevamente, los habitantes de las calles firmaron lo que hizo falta para tener la oportunidad de dormir en el albergue destartalado. La publicidad y los documentos aseguraban al mundo que estas personas tendrían una habitación cálida para pasar la noche, cuando en realidad estaban amontonados en un saloncito de paredes mohosas, ventanas sin cristal y techo agujereado.
Los gemelos, en cambio, tuvieron problemas con el termostato y a pesar de las ventanas abiertas pasaron mucho calor ese día. Además, muchas de sus cosas estaban en el sitio incorrecto, incluyendo algunas de las pócimas en que trabajaba el gemelo mago.
Alguien había robado las llaves y, mientras ellos buscaban, había entrado sin dejar huellas. Los estragos se extenderían por mucho tiempo, y jamás sacarían en claro quien era el causante.
Niño Bueno tenía intención de confesar, para restregarles en sus casi idénticas caras que no habían ganado nada más que la venganza de un simple mortal. Si no lo hizo, fue porque al visitarlos a la mañana siguiente, los escuchó discutiendo quien podría ser el que echaba a perder los inviernos.
―No usamos métodos similares, y sin embargo, nuestro plan se arruinó casi a la misma hora que el de NiñoBueno.... Eso tiene que tener gato encerrado.
―Tal vez es cosa de ese calentamiento globular del que nos hablaron en la clase de Impacto Ambiental...
―Es calentamiento global, y lo tomé en cuenta al hacer el conjuro ―dijo el menos tarado de los dos, con una gentileza impropia de cualquier villano que se precie.
Miles no escuchó más, porque pasó frente a la ventana sin detenerse ni un instante, como si llevara prisa por abandonar los dormitorios y llegar al salón para tomar las evaluaciones escritas. Fue un día aburridísimo, en el que no hizo más que responder mecánicamente los exámenes y preguntarse si debía aliarse con los gemelos para descubrir quién los había fastidiado a todos.
Al final del día tuvo lugar una sesión abierta con los evaluadores, para recibir la calificación final, apelar a la misma o plantear un proyecto secundario para subir la nota.
El muchacho no tenía nada que comentar. Los gemelos alcanzaron un “COMPLETO” con una lista de asaltos menores que podían ser considerados terrorismo discreto. Y, durante los últimos cinco minutos, mientras el sol se ocultaba, comenzó a nevar de nuevo.
―¿Esto es obra de uno de ustedes? ―preguntó la directora.
Debido a los experimentos científicos y mágicos de un puñado de villanos aspirantes, aquel había sido el invierno más extraño que un mes de enero hubiera visto jamás, con tempestades que seguían llegando y partiendo. Pero era la primera vez que la nevada ocurría por al caer la noche y no durante el día. Quizá esto era sólo un efecto secundario.
Sin embargo, una mano se alzó y la única estudiante becada de segundo año se atribuyó el cambio repentino de clima.
―No es precisamente una idea original ―observó la directora―. ¿Es tu propio equipo?
―No. Vi cuando le dieron las instrucciones a Niño B... a Miles, y luego me escabullí en el laboratorio para activarlo por esta noche. No lo mencioné antes porque creía que esa cosa se había roto cuando le falló a él.
―Así que robas el plan de otro, pero para un horario en que mucha gente ya está en casa. ¿Qué esperas conseguir?
―Pues se van a fastidiar los que van tarde, pero eso es secundario. Como la mayor parte de la gente pobre, pienso en pequeño. Y, como la mayor parte de la gente mala, odio a mi gente más que a todos los demás. Así que di tiempo para que todos esos indigentes se confiaran. Creyeron que podrían conservar su dignidad en lugar de negociar con nuestro gobierno de mierda por un refugio de mierda. Ahora, morirán en la nieve.
Lo dijo como quien explica porque usó pintura de aceite en la pared frontal de su casa, y quizá fue por eso que obtuvo la calificación de MEMORABLE, a pesar de que alguien aprovechó que la alarma del refugio no funcionaba para irrumpir, y todas esas personas sin hogar se la pasaron como en noches anteriores, pero sin tener que rogar para ingresar.
―Gracias, hijito. Gracias por avisarme ―dijo la última anciana, y mientras ella entraba al edificio destrozado, un joven de traje gris con detalles rojos se internó en la oscura calle que ya estaba cubierta por la nieve.
A su lado, el genio de su familia caminaba sin ser visto por el humano promedio.
Sí, Jaime Nafar venía de la familia correcta para ser el mejor villano de su generación; tenía el ingenio, el genio y la ambición, pero precisamente por ser tan capaz, era el antagonista ideal para incordiar a varios villanos protagonistas a la vez.

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4 comentarios:

kroana

Al principio se hace confuso agarrar el hilo de la historia, pero luego entiendes que estás en un "mundo paralelo" donde premian a los estudiantes por hacer "cosas malas" y ahí todo va tomando un poco de sentido. Me quedó la duda de Nafar, ¿él es quien saboteo los proyectos de los demás?

Nos leemos :D

osnolasaga

Un relato interesante, me costó pillarle el hilo pero al final me pareció muy entretenido.
Un beso.

Tania Yesivell

Gracias por pasar, y me alegra que acabe por entenderse el escenario, me preocupaba que no fuera así. En realidad, no es un mundo malvado, sólo es un colegio malvado.

En efecto, Kroana, el muchacho es el bueno del cuento.

Escritos consinceridad

Hola!
Sí que se entiende :)
que pases un buen día!

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